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jueves, 16 de octubre de 2014

¿Por qué las mujeres flacas también tienen celulitis?


La celulitis es un problema mayoritariamente de las mujeres y concierne a un 90% de ellas. Delgadas o gruesas, la celulitis afecta a cualquier tipo de silueta. Para combatir este mal, algunas mujeres recurren a pequeñas ayudas, como la lipoaspiración.

La piel está compuesta de tres capas: epidermis, dermis e hipodermis. La epidermis contiene varias capas de células de queratina. La dermis comprende, sobre todo, fibras de colágeno y elastina. También hay mucho folículos pilosos y glándulas. Es a nivel de la hipodermis donde se encuentran las células grasas, los adipocitos que recogen los lípidos. Allí es donde se forma la tan odiada celulitis. Como verás, las mujeres delgadas también pueden tener celulitis, pero, ¿por qué?

Tipos de celulitis


Pero no todas las celulitis son iguales. Podemos distinguir entre tres tipos de celulitis que te explicaremos a continuación.

1. Celulitis adiposa


En este tipo de celulitis, las células adiposas se organizan en racimos. Cuando consumimos grasas en exceso, estos adipocitos se vuelven mayores, engordan y empujan la piel hacia arriba, formando pequeños bultos. Es la famosa piel de naranja que evoluciona hacia una celulitis adiposa. Esta aparece por lo general sobre las caderas, los glúteos y el vientre. Esta celulitis suele ser blanda y no dolorosa al tacto.

2. Celulitis acuosa

En este caso, las células de la piel almacenan no grasa, sino agua. La celulitis acuosa es visible en los tobillos, las pantorrillas, los muslos y los brazos. Suele estar relacionada con problemas de circulación venosa y linfática. Este tipo de celulitis no es dolorosa, pero se acompaña de una sensación de pesadez en las piernas y de hinchazón.

3. Celulitis fibrosa

Finalmente, las fibras de colágeno que envuelven los adipocitos pueden volverse rígidas, perturbar el reparto de células grasas y provocar una celulitis fibrosa. Este es el tercer tipo de celulitis: la celulitis fibrosa aparece principalmente a nivel de las rodillas y de los muslos. Se trata de una celulitis dura y dolorosa al pinzar la piel, que suele tornarse de tono violáceo.

Celulitis y peso



La celulitis no tiene nada que ver con el peso. Se puede ser delgada y tener celulitis, y tener sobrepeso y no presentar ningún tipo de celulitis. La celulitis no es una enfermedad. Se trata, ante todo, de un problema estético que puede perturbar o incluso ocasionar complejos.

Por esta razón, el mercado de productos anticelulíticos no deja de desarrollarse: cremas, aceites, shorts, medias, masajes, liposucción… La clave para reducir la celulitis está en tus manos, pero ¡ojo! No te obsesiones, no será bueno ni para tu cuerpo ni para tu mente. ¡Tú ya eres perfecta!

sábado, 20 de septiembre de 2014

Las grasas y la salud



En los últimos años he leído todo lo que cayera en mis manos sobre temas de nutrición. Movida por una necesidad incesante de encontrar la verdad. ¿Es cierto todo lo que nos venden? ¿La leche es tan buena? ¿Y la soja? ¿Los cereales con tanta fibra? ¿Por qué como sano y sigo siempre cansada, con las defensas bajas y con problemas digestivos? ¿Desde cuándo concebimos esto como normal? Ciertamente no hay una verdad absoluta. Cada uno debe encontrar su camino a seguir. Lo que sí creo firmemente es que la alimentación tan moderna y procesada tiene algo que ver con tantos males del siglo XXI: obesidad, diabetes, enfermedades autoinmunes, etc.

Uno de los cambios que más me ha costado realizar ha sido respecto a la grasa, pues siempre la he mirado de reojo. Durante años, los medios se habían encargado de maldecirla con frases como “¡Evita a grasa!”, “La grasa causa obesidad”, “La grasa se va directa al culo”, “La grasa provoca enfermedades del corazón”… ¿Qué hay de cierto en eso? Ahora parece que el paradigma está cambiando (enlace). Lo cierto es que todo nuestro cuerpo necesita grasa: nuestros órganos, nuestra piel y nuestro pelo para lucir bonitos. Pero sobre todo el gran jefe: nuestro cerebro. Pensemos un momento en la cantidad de funciones que realiza: secreta hormonas necesarias para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo, coordina nuestro movimiento, así como nos permite actuar de forma rápida cuando hay peligro, etc. Gracias a él podemos disfrutar de una preciosa puesta de Sol que dos días más tarde somos capaces de recordar, pues procesa la información sensorial que luego almacena en la memoria. Esto y un sin fin más de procesos son lo que nos permite el cerebro.Para todo ello necesita los macronutrientes, entre los cuales está la grasa. Por eso debemos proveerle de grasa, pero que sea de calidad.

Por otro lado, sin la grasa, las vitaminas liposolubles A, D, K y E, tan importantes para nuestra salud, no podrían ser absorbidas y almacenadas en nuestro cuerpo, pues necesitan ir acompañadas de grasa.

La vitamina D está relacionada con la salud ósea. En los últimos años han surgido estudios que vinculan distintas enfermedades autoinmunes con niveles séricos bajos de vitamina D. Otros estudios más recientes los vinculan también con el riesgo a desarrollar demencia y Alzheimer (enlace). Dicha vitamina se encuentra en la mantequilla, yema y diversos pescados.

La vitamina A presente como retinol o caratenos, es importante para el sistema inmune, activando la resistencia a infecciones y la capacidad de luchar contra los radicales libres. También participa en la regeneración de las mucosas y la salud de la piel, la vista y los huesos. Se puede encontrar en la mantequilla, la leche, la yema de los huevos y en verduras y frutas de color amarillo. Pero en este caso, para que sea absorbida necesita grasa.

La vitamina K, por su lado, es un coagulante natural y también participa en la regeneración de los glóbulos rojos. Por otro lado, los niveles bajos séricos se han asociado a Diabetes y enfermedades neurodegenerativas (enlace). Se encuentra en grandes cantidades en el aceite de oliva, los verduras de hoja verde oscura, aguacate, yema y lácteos.

La vitamina E es un antioxidante y además actúa como anticoagulante, siendo importante su papel en el sistema circulatorio, previniendo trombosis, etc.

La vitamina E se puede encontrar en dosis altas en el aceite de girasol. También está presente en el aceite de oliva virgen, aunque en menor proporción. Sea cual sea la opción, lo mejor es elegir un aceite ecológico prensado en frío y envasado en botella oscura, dado que así las vitaminas se conservan.



La recomendación que puedo hacer es que no os privéis de grasa. Recordad que tiene que ser de alta calidad, lo menos procesada posible y ecológica. Si os decantáis por aceites, que sean en botella de cristal oscura, así la vitamina E se conserva . Si se trata de mantequillas y mantecas, que sean sin tener sal añadida. Introducid variedad: manteca de coco, mantequilla, aceite de oliva… Así tendréis a vuestra disposición diferentes sabores y diferentes propiedades. Ahora es momento de disfrutar la grasa sin culpas ni prejuicios.

¡Espero que les haya ayudado y que vivan los huevos fritos!